Soy de esa generación

Soy de esa Generación, aquella en la que jugábamos en campos de fútbol de tierra.

Soy de esa generación que nació en el fútbol con campos de tierra, de las botas Marco, de cuando el césped que se pisaba era natural, y si había suerte.

Soy de esa generación en la que el césped artificial lo pilló de regional, de esa generación que sabía cómo iba a botar el Mikasa en tierra con unos reflejos que hoy no se conocen, pero que el bote con caucho le costó una barbaridad.

Soy de esa generación que se pasaba la semana sacándose las piedras de…,  en realidad de cualquier parte del cuerpo, palmas de las manos, rodillas, muslos, sí esos muslos de los que brotaba sangre, pus y esa caspa que al siguiente fin de semana se volvía a levantar, aunque habías jurado que no te ibas a volver a tirar por ese balón imposible.

De esa generación que esperaba la llegada del lunes para volver locos a los compañeros de clase, contándole minuto a minuto el partido del fin de semana, para luego dar la tabarra el resto de semana hablando de los éntrenos y próximos partidos.

Generación que jugaba a la consola, sí, pero sólo cuando no había con quien jugar en el poli, plaza, calle, o en mi caso en la esquina del campo de lucha o pasillo del Concorde.

Soy de esa generación que dejaba de jugar al fútbol para ir a entrenar a fútbol.

En definitiva, soy de esa generación, para la que el fútbol era una forma de vida, pasión que hoy en día no existe y que me hace preguntarme

¿Por qué se ha perdido la pasión por jugar al fútbol? ¿por qué no existe ya aquella «pasión» de jugar al fútbol por el mero hecho de «practicar el fútbol»?

Escrito por
José Ancor Izquierdo Hernández.